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Betsie Hollants, luchadora por las mujeres, las personas mayores y por la paz

Luchar por la paz en tiempos de guerra es parte de la resistencia ante la agresión, pero hacerlo en tiempos de paz es un esfuerzo mayor cuando la beligerancia se solapa en las diferencias de cultura, color de la piel o ideología. Betsie Hollants inició su lucha contra las diferencias en su natal Bélgica, antes de la segunda Guerra Mundial.

Para ella, la marginación del pueblo Judío y la diferencia con la que eran tratadas las mujeres como seres invisibles o incómodos, fueron el motor de su vida.

Elizabeth María Hollants nace el 27 de enero de 1905, en Turnhout al norte de Bélgica. Su padre queda viudo y se casa nuevamente con la tía de Betsie con la que tiene tres hijos más; en total tuvo nueve hermanos de los cuales fue responsable de cuidar y criar. Es en la cuidad de Tilburg, pueblo cercano a Holanda, donde se refugiaba su familia antes de la primera Guerra mundial. Es ahí donde Betsie obtiene su primer trabajo a los nueve años realizando un archivo hemerográfico de periódicos para unos periodistas. Su trabajo era retribuido con chocolates.

Más tarde, Betsie decide ser periodistas y descubre que las mujeres que trabajan “son menos que nulas”, situación que se dá con mayor fuerza en una profesión como el periodismo.

Sus primeros años de oficio la ponen en contacto con diversas personas que serán trascendentes para su vida como Gustav Sap, para quien trabaja como asistente y quien más tarde la impulsa a asumir el cargo de redactora en De Standaard.

Eugene Voors y su familia la llevan a conocer la realidad de la opresión del Pueblo Vasco al que muchas veces ayudó, al retratar en su quehacer periodístico. En tanto, Magda Petters, fue quien le enseñó que el camino de la Paz se encuentra sembrado de trabajo sin descanso. Es así como se convierte en activista voluntaria.

Durante la segunda guerra Mundial fue perseguida al mostrar su apoyo abiertamente a favor del pueblo judío. Siendo fundadora y parte activa del Buró Católico para Israel, su vida estuvo en más de una ocasión en riesgo.

Entre 1934 a 1938, concentró su trabajo en un movimiento contra el racismo y la pobreza humana con filiales en veintisiete países europeos.

A los 31 años, al lado de Magda Yoors Peeters y Camila Van Deycy, reflexiona ante el avance antisemita del gobierno Alemán y decide trabajar en contra del odio entre las naciones.

Una vez que los aliados vencen al nazismo, Betsie con 40 años de edad, decide viajar al continente americano a trabajar en el Instituto de radio de Bélgica en Nueva York.

Su trabajo la acerca a las minorías de Puerto Rico y México, radicadas en California y, a través de un anuncio en el periódico conoce a Iván Illich, que la llevaría a trabajar al Centro Interamericano de Documentación (CIDOC), en Cuernavaca.

Este cambio de vida sería trascendente para Betsie y para las mujeres y hombres que entrarían en contacto con ella. En México encontró profundas contradicciones en donde las mujeres no sólo eran ignoradas; la agresión se justificaba constantemente como la propia Betsie lo había vivido como reportera donde no la dejaban entrar por ser mujer.

Betsie funda en 1969 el Centro Intercultural de Desarrollo Humano en América Latina (CIDHAL), una vez que renuncia al CIDOC e inicia el trabajo de recolección de información sobre la condición de las mujeres, abriendo el camino a la formación de centros de documentación sobre las mujeres en los siguientes años.

Cidhal se convierte en el primer Centro de Documentación especializado en América Latina sobre la situación económica, política y social de las mujeres.

Betsie comenta que muchos de los libros de este centro salieron de la estantería de sexualidad de las librerías que era donde paraban los textos que abordaban esta situación y fue Sara Lovera, una periodista mexicana, la que descubrió el hecho.

En el espacio de Cidhal se gestaron varias publicaciones que abordaban lo que hoy conocemos como estudios de género. Así surge el boletín de Cidhal y la Revista Fem.

Diez años más tarde Betsie abandona Cidhal, por cuestiones de edad, pero no pararía de trabajar a hasta el último día de su vida.

En 1984 funda Vejez en México Estudios y Acción (VEMEA), para reivindicar que la vejez no es una enfermedad, es una etapa de la vida. VEMEA deja de funcionar en 1994, por falta de fondos.

Dos años más tarde, el 9 de junio de 1996, Betsie Hollants muere en la ciudad de Cuernavaca, Morelos a causa de cáncer heredándonos su entrega por causas tan trascendentes como la paz y la emancipación de las mujeres, pero sobre todo, el trabajo profundo de compartir el producto de nuestro esfuerzo diario con las y los demás.

La Historia de Betsie Hollants se encuentra contenida el libro Recreando la Huella de Betsie Hollants, escrito por Pilar Lomelín Aragón.

 

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