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Columna por Hagamos colmena

En la opinión de Colectiva Colmena Verde publicado por Testigo Púrpura


Durante mis primeros años de escuela, me convencieron de que ser o parecer una niña no era algo bueno. En algún  punto de la primaria, me encontré bastante molesta porque me habían dicho que tenía “la fuerza de una niña”. Años después, me di cuenta de que difícilmente podría ser de otra forma ¡porque yo lo era!.

Pero, ¿por qué el ser llamadas niñas significaba un insulto? incluso siéndolo, es muy común tomarlo como un signo de debilidad o desventaja; por fortuna, comencé a cuestionar este tipo de temas desde temprana edad, lo cual me llevó a leer y buscar información que tenía que ver con esas inquietudes, aunado a que mi madre sirvió como una guía introductoria del feminismo.

Poco a poco el investigar más al respecto me llevó a notar que en los últimos años estamos rompiendo paradigmas, ahora es más frecuente el asumir orgullosamente el “hacerlo como niña”, prueba de ello son las cada vez más visibles campañas publicitarias que tratan de reivindicar nuestro género como igual y capaz de todo su potencial, por lo cual yo empecé a considerarme feminista desde mi adolescencia.

Recién ingresé a la universidad cumpliendo la mayoría de edad, y al conocer a las personas que me acompañan en esta generación, descubrí que existe un especial interés por participar e integrarse en cuestionamientos sociales, ya sea en la política, el ambientalismo, movimiento por los derechos de la comunidad LGBTTTIQ o el movimiento feminista.

Este último me ha generado varias disyuntivas, por un lado es emocionante que cada vez descubra a más compañeras que muestran interés por integrarse y participar en acciones a favor de las mujeres que se desarrollan en la comunidad, pero por otro he notado que hay cierto hermetismo al creer que hay una sola manera de ejercer y asumirse como feminista, en mi caso no lo considero así; recientemente se suscitaron movimientos feministas en la universidad que exigían justicia a ciertas problemáticas de acoso que han vivido compañeras y egresadas, destacándose una de las compañeras por haber tomado la iniciativa de posicionarse frente a una audiencia tomando una opinión diferente al resto (incluyéndome) lo cual desató la molestia de las compañeras,  polarizando la postura de quienes se asumen como feministas.

Pero esto en verdad me ha generado una serie de cuestionamientos al respecto, ¿existe una sola línea de ejercer el feminismo?, ¿Cuál es la postura que se debe asumir al ser universitaria con inquietudes feministas?, todo ello me asalta al tratar de discernir sobre el tema y no perder el rumbo de lo que debería ser primordial: el respeto y la empatía.

A mi parecer lo más importante es resaltar que el movimiento feminista ha comenzado a tomar fuerza en la comunidad estudiantil, sin embargo creo que debemos tomar una postura que si bien no siempre puede ser de sororidad, debe ser siempre respetuosa o empática hacia las demás opiniones y formas de ejercer. Las acciones pueden ser tan diversas y válidas como lo somos todas, sin demeritar por ningún motivo los procesos personales que cada quien vive al manifestarse.

Es necesario detenernos a replantearnos cuáles son los ideales que nos unen a todas para formar una red conformada por distintas mujeres hacia la exigencia de nuestros derechos.

Recientemente se realizó un pacto de feministas y es la primera vez que escuchaba al respecto, llegar a acuerdos y treguas por un bien común podría hacer una gran diferencia entre la manera despectiva en que la sociedad ve la lucha y la realidad que nos apremia a todas, ¿será esto posible en la generación que muchas veces da por sentado el saber ejercer la línea del feminismo que asumen como única y verdadera?, ¿se podrá hacer una verdadera unión sino con sororidad sí con el affidamento que abraza el respeto y el bien común?, podríamos ser la generación que sume esfuerzos, la que exija alzando la voz, haciéndonos entre todas más fuertes, invencibles, sin cometer los errores que el patriarcado pide a gritos que cometamos para demostrar sutilmente que ni entre feministas nos respetamos y que mucho menos nos aliamos desinteresadamente.

Creo que esto más que una columna es una propuesta de una para todas, para que juntas avancemos sin dar un paso atrás y sin errores para hacer historia.

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