fbpx
Home > Mundo > “No se ve como violencia algunos silencios o estrategias de manipulación… son terribles”

“No se ve como violencia algunos silencios o estrategias de manipulación… son terribles”


Con su monólogo, ha cambiado las mentes de muchas personas, sobre todo de jóvenes y adolescentes que no sabían que se encontraban en situaciones de violencia hasta que llegó ella

Madrid / AmecoPress.- Pamela Palenciano (Andújar, 1982), comunicadora y activista feminista, lleva 17 años junto con su monólogo ‘No solo duelen los golpes’, un relato autobiográfico sobre la violencia de género. Comenzó siendo un taller y ahora se ha convertido en un referente del movimiento feminista y social. Empezó transmitiendo su historia en las aulas de institutos y universidades y acabó haciéndolo encima de los escenarios de los teatros.

Pamela ha sufrido varias denuncias por resaltar públicamente las formas de violencia que tiene el poder. También ha recibido varios reconocimientos: fue galardonada en 2016 con el premio GODOFF; le otorgaron el Premio del Colectivo 8 de Marzo en la XIV Edición; en 2017 recibió el Premio Nacional de la XX Edición de los Premios 8 de Marzo de Getafe; el premio Mujeres 2017 del Ayuntamiento de Fuenlabrada; y, recientemente, la Delegación del Gobierno contra la Violencia de Género le reconoció la labor educativa que traslada con su monólogo.

‘No solo duelen los golpes’ es un monólogo que llevas contigo desde hace 17 años, el cual empezó en las aulas de los institutos y las universidades, hasta llegar a Centro América convirtiéndose en un referente del movimiento feminista y social. En él, trasladas al público cómo fue tu camino hasta llegar a un escenario para contar tu vida, ¿qué sentiste en los primeros monólogos que transmitías a los jóvenes?

Al principio yo estaba muy rota, lo que sentía no es lo que siento ahora, porque no era monólogo era taller, y hablaba muy desde mí, desde mi herida. El teatro me ayuda a poner mucha distancia de aquello. Hay algo común que sentía en esos primeros talleres y que ahora sigo sintiendo, que es: “por favor, necesito que nos creáis, que todas las que nos hemos enfrentado a la violencia no dudéis de nosotras, y necesito que el sistema se haga cargo de esto ya”. Siento que eso lo tenía desde el principio, no creo que solo mi exmaltratador, el daño que me ha hecho sea una cosa particular, sino que es una cosa del sistema que genera estos maltratadores.

Es una educación social machista patriarcal desigual que genera que estos tíos hagan esto y que nosotras nos identifiquemos y seamos las víctimas de esta violencia. Yo comparto eso con lo que hago ahora. Eso sí, al principio mi primer taller duró media hora, no podía hablar, me rompía a llorar y no podía seguir. Si ha pasado tanto tiempo es porque he hecho callo ahí, más toda la parte teatral y las terapias a las que he ido para estar lo mejor posible. Eso ha facilitado que con el monólogo pueda parar a reírme con algunas cosas.

Yo estoy aquí porque “a mí no me contaron esta historia y quiero contarla yo”. A mí en el instituto no me dieron una charla, yo soy de la generación en la que se hablaba de violencia doméstica y no había charlas de igualdad. Había charlas de policías municipales y de drogas, nada más. Por eso me propuse el querer contar mi historia, justamente porque si a mí me hubieran hablado de la violencia machista, a lo mejor yo no hubiera estado tanto tiempo con Antonio.

En muchos de los institutos o universidades las y los adolescentes han sido educados contribuyendo, como cuentas en el monólogo, “a hacerles creer que en el amor existe la violencia”, ¿crees que cambian su pensamiento o abren su mente al escuchar tu historia?

Al principio sí que hubo un cambio muy brutal, como: “ostras, me acabo de dar cuenta de que esto que dice esta tía es violencia”. Pero llevamos un par de años donde nos está costando mucho. No solo a mí, a más mujeres que trabajamos en aulas, porque ahora mismo hay una romantización de la violencia brutal.

Se llama tóxico a todo ahora, lamentablemente. Me está costando más que las y los adolescentes lo vean, ya que antes era más fácil, tengo que buscarme otras estrategias dentro del monólogo; incluso hablar más fuerte. Muchas veces la violencia se sigue viendo como el golpe o el insulto muy claro, pero no se ve como violencia algunos silencios o estrategias de manipulación y chantaje que son terribles.

Es cierto, que a día de hoy, todavía me siguen llegando un montón de mensajes diciendo que mi monólogo les ha hecho pensar, pero he notado en estos dos años el retroceso que ha habido. No solo con la gente joven, también con las personas adultas.

“Lo que hay que desempoderar es la masculinidad hegemónica que tienen, lamentablemente, una inmensa mayoría de los hombres”

En las campañas de concienciación frente a la violencia machista, los mensajes suelen ir enfocados hacia las mujeres y no hacia los maltratadores que son los que han ido creando esa desigualdad, maltratos y violencia. ¿Es interesante dirigirse a los maltratadores? ¿Qué le dirías a un chico que está ejerciendo la violencia?

Sí, trabajé con un maltratador el año pasado en una de las cárceles de Cataluña en programas con agresores sexuales y maltratadores y fue una experiencia estupenda. Un hombre lloraba lo que no está escrito diciéndome “ahora entiendo por qué maté, no porque estaba borracho, ni porque estaba con un pedo como un piano, sino que soy un machista de mierda y por eso la maté”.

Yo creo que con una frase de ese tipo es más que suficiente para reajustar políticas públicas que también enfoquen un desempoderamiento hacia los hombres; sobre todo hacia los hombres cis, heterosexuales “machirulos”. Pero también puede ser hacia un bisexual no trans. Lo que hay que desempoderar es la masculinidad hegemónica que tienen, lamentablemente, una inmensa mayoría de los hombres.

Hay que desempoderar cuanto antes, porque se ha visto un empoderamiento de la mujer a nivel mundial, pero ahora mismo nos están matando y violando hasta incluso más que hace cinco años. Eso es una respuesta reactiva de una sensación de un miedo atroz que tienen los “machirulos” de perder privilegios y van con todo; aún sabiendo que hay una ley que castiga, les da igual porque lo acaban haciendo.

Entonces, tenemos que desempoderar a los tíos. Yo me he quedado mucho tiempo esperando a que lo hagan ellos mismos, pero me caben en los dedos de las manos cuántos tíos hay ahora mismo currando con esto.

Lo que he conseguido a través del teatro, es que en vez de esperar a que vengan hombres a ponerse un espejo entre ellos, en una parte del monólogo me dedico a bajar al patio de butacas y centrarme en los tíos un buen rato haciendo de Antonio, para ponerles ese espejo y que se miren.

En tu monólogo hablas sobre los privilegios de ser hombre y de la alta sociedad, de esa posición de poder con la que ven el mundo, ¿por qué ese grupo de la sociedad en vez de unirse está en contra del feminismo? ¿Lo hacen para no perder esa posición de poder?

Cada vez se van uniendo más hombres a querer mirarse y bajarse de ahí, porque se están sintiendo incoherentes y se dan cuenta de sus privilegios. Pero la mayoría no quieren perderlos.

Te voy a hablar de mi experiencia porque yo no soy hombre. En El Salvador, como blanca, cuando viví mi privilegio, me costó mucho verlo. Cuando me di cuenta de que por ser europea mi título universitario vale más por un convenio de la cooperación que el de una salvadoreña aunque tengamos la misma carrera y hayamos estudiado los mismos años, yo flipé, ¡cómo puede ser que yo cobre más que una salvadoreña! Pues eso está escrito en papel, porque hay convenios con los países y yo soy del primer mundo y El Salvador está en otra categoría.

Cuando yo vi eso y encima cobrando el doble que una compañera, pensé en cambiar esa norma pero me advirtieron que si intentaba hacer eso me iban a echar del país. Lo que hice al no poder quitar ese privilegio fue darle una parte de lo que cobraba. Yo no vi eso como una pérdida porque gané en coherencia y en libertad, pero no sé cuánta gente estaría dispuesta a renunciar a la mitad de lo que cobra por ser justa con el mundo. Entiendo que un tío piense que es perder privilegios, pero yo siento que es perder para ganar. Ganas en humanidad y en libertad.

“Se está romantizando la violencia y está perpetuando la palabra tóxica, la gente ve una agresión machista y lo ve como una cosa tóxica. Lo que antes se veía como un maltrato, ahora se ve como algo tóxico”

Todavía existe cierta “permisividad” o “tolerancia” con las agresiones machistas, a pesar de los avances, ¿a qué se debe?

Se sigue viendo como un problema muy personalizado, como una cosa no estructural. Está costando mucho que se vea la estructura de la desigualdad. Parece que es un problema solo entre Paqui y Manolo. Además, como se está romantizando la violencia y está perpetuando la palabra tóxica, la gente ve una agresión machista y lo ve como una cosa tóxica. Lo que antes se veía como un maltrato, ahora se ve como algo tóxico.

Para mí la palabra tóxica es muy peligrosa porque está ocupando las relaciones de adultos y adolescentes. Si tu buscas el perfil de una persona tóxica en Google todo lo que describe a esa persona hace referencia a mi maltratador y él no era tóxico, era machista.

En un sistema capitalista en el que cada vez estamos más individualizados, cada día nos importa menos el de al lado por lo que nos pueda pasar a nosotros.

Dentro del feminismo también hay posiciones de poder, ¿qué debemos hacer para construir igualdad también dentro del movimiento?

Ahora mismo no se está queriendo ver que hay muchas mujeres racializadas que están poniendo voz a “no habléis más por nosotras” y se están atacando privilegios que no quieren ver las compañeras. Yo he hecho el ejercicio de hablar con algunas por teléfono y por audio y me han dicho que estoy súper equivocada, que somos una sola clase oprimida y que somos todas iguales y yo estoy en contra de ese argumento.

Yo no soy igual que una africana, que una centroamericana, yo no soy igual que una mujer pobre que limpia casas. Hay ciertos privilegios que yo tengo, no por ser mujer, sino por ser mujer blanca en relación con una mujer racializada de una clase social determinada. Hay mujeres con cinco carreras que vienen de Centroamérica a España a limpiar y no trabajan en relación a sus estudios. Sin embargo, yo tengo una carrera y ejerzo mi trabajo porque soy blanca y voy a tener permiso donde sea.

“Mi misión de vida durante estos 17 años es contar mi historia para que no haya ni más Pamelas ni más Antonios en el mundo”

Como cuentas, “a las mujeres nos van robando la palabra de forma sutil” con frases como “calladita estás más guapa”. Cuando decidiste estudiar radio en Málaga, pudiste conocer a tu yo interior y escuchar esa voz que tanto habían silenciado, ¿sentiste libertad en ese momento o todo lo contrario al darte cuenta por lo que habías pasado?

Fue una libertad brutal lo que yo sentí. Claro que me dolió al darme cuenta de que estuve sometida a un tío durante seis años pensando que eran peleas. Él me maltrató y me sometió con una violencia terrible esos años. Cuando escuché mi voz interior sentí una paz que dije: “esto hay que contarlo porque hay muchas mujeres como yo”.

Cuando lo personal de verdad se hace político, como dijo Kate Miller, hay que ser coherente y consciente de que las mujeres que tienen hijas e hijos con sus maltratadores, no pueden vivir lo mismo que las que no tenemos menores con ellos. Yo no tengo hijos con Antonio y hasta en el dolor tengo un privilegio, porque no tengo un vínculo con él. Si tuviese hijas o hijos con él no podría estar haciendo el monólogo, estaría dedicada a que estuvieran protegidos frente a su padre. Eso fue lo que me llevó a hacer el monólogo, es mi misión de vida durante estos 17 años: contar mi historia para que no haya ni más Pamelas ni más Antonios en el mundo.

“Si no me dejan entrar en un aula es porque no quieren que entre en ella”

La Delegación del Gobierno contra la Violencia de Género le reconoció la labor educativa que traslada con su monólogo ‘No solo duelen los golpes’, ¿qué sentiste al recibirlo?

Ha sido muy agridulce. De primeras, este premio va a pasear por varias casas de gente que me sigue apoyando y personas que luchan igual que yo contra la violencia machista. Yo agradezco el premio, pero el mayor premio que me puede dar la Delegación del Gobierno es que me dejen trabajar y me dejen seguir entrando en aulas.

Últimamente no me están dejando mucho trabajar. La COVID-19 es verdad que está generando mucho miedo, pero es que empezaron aplicándome el Pin parental y ahora ya no, porque no es necesario con la excusa del coronavirus. Mira, no, porque estoy haciendo monólogos en espacios abiertos por las tardes con adolescentes y con las medidas de seguridad y distancia y la gente sigue viniendo al teatro. Si no me dejan entrar en un aula es porque no quieren que entre en ella.

Llevo un mes con muchos ataques por el premio, de compañeras que están diciendo que no me lo merezco y que están en contra del ministerio. Hay cosas que no comparto del ministerio, pero muchas compañeras están lanzando odio y violencia diciendo que todo está mal.

Has sufrido violencia en las redes, por tu activismo, por tu expresión. ¿Te has sentido apoyada? ¿Has hecho red con otras feministas que están en tu misma situación?

Sí, yo creo que el ministerio me dio el premio justamente por eso. Vi que Rosell fue muy amorosa conmigo explicándome porqué me daban el premio, era como un apoyo por todos los ataques que he recibido por parte de la ultraderecha y de algunas compañeras. Me dijeron: “tú te mereces este premio, llevas muchos años trabajando en aula y te mereces este reconocimiento”.

Pero es verdad que con las que más he hecho alianzas han sido: Irantzu Varela, que acaba de sufrir una agresión machista; y Alicia Murillo. Son con las dos personas con las que tengo más alianza. Por supuesto, me apoyan un montón de feministas no tan conocidas públicamente.

“Es importante que haya más libros donde se hable de que otro amor es posible, que quererse de otra manera es viable”

Además de teatro de concienciación social, has publicado también libros, como ‘Si es amor, no duele’ (Alfaguara) junto a Iván Larreynaga, donde se destripan los mitos del amor romántico, ¿cómo valoras la experiencia?

Ha sido súperbonita la experiencia. Urge hablar del amor en gerundio y hablar de nuestra relación y de posibles relaciones constructivas positivas, pueden ser un referente para las y los jóvenes, de que sí que se puede amar de otra manera.

Para mí fue una buena experiencia porque yo soy una mujer de palabra oral, me cuesta mucho escribir y como Iván es un gran escritor, se atrevió a escribir este libro. Alfaguara propuso que desde la editorial me lo podían escribir, pero Iván quería hacerlo, dijo: “yo, que soy tu pareja y escritor, quiero hacerlo”.

Luego, él y yo hemos participado en otros libros. Uno se llama ‘Polifonía amorosa’ de Laura Latorre, donde contamos nuestra historia de amor. Además, acabamos de participar en ‘Conjugar el amor’, también de Laura Latorre, donde en un viaje de Barcelona a Madrid, Iván y yo nos grabamos más de una hora hablando sobre el amor.

Creo que es importante que haya más libros donde se hable de que otro amor es posible, que quererse de otra manera es viable.

“Si alguien te quiere nunca te va a hacer llorar y quién bien te quiere, te respeta”

Para finalizar, ¿qué les diría a las y los jóvenes que están atrapados en una relación con violencias?

Voy a empezar por los chicos heterosexuales que se creen con todo el control, poder y dominio. Cuando estén pensando que si su pareja no les coge el teléfono están con otro tío en la cama, cuando estén pensando que su pareja no tiene que vestirse de una determinada manera o hacer un vídeo para Tiktok que a ellas les guste y se creen con todo el derecho de decirle “no lo hagas porque yo no quiero que otros tíos te miren”, le diría: tío, busca ayuda para dejar de ser así, porque te vas a convertir en un engendro amargado para toda tu vida, pensando que estás por encima de las tías y vas a sufrir mucho y te vas a quedar solo y aislado por la sociedad, aunque ahora veamos que no pero esto un día va a pasar, ponte las pilas porque eso no es querer, eso es intentar someter y dominar a alguien.

A las chicas que noten que cuando se miran en el espejo se está desdibujando su sonrisa, que quedar con su novio más que agradarles les estresa el qué ropa me pongo, qué digo, qué no digo, qué hago con mis redes sociales, qué hago con mis bailes de Tiktok… Cuando sientas eso, querida mía, no estás en una relación tóxica, estás en una relación violenta. Busca ayuda y sal de ahí. Si alguien te quiere nunca te va a hacer llorar y quién bien te quiere, te respeta. Una relación sana se nota porque justamente vas a tener la libertad de contarle todo lo que te dé la gana a tu pareja, inclusive el decirle que hay parte de tu vida que no quieres contarle, porque son tus espacios privados y tu libertad y no quieres compartirla con nadie.

No hay que tenerle miedo a que si estás haciendo algo que te gusta pienses: “¡ay, si mi pareja me viera se enfadaría!”. Ojo, eso es una alarma de que estás en una relación que es violenta, no tóxica. Cuídate mucho, sal de ahí y quiérete tal como eres, no tienes que cambiar nada de ti.

 

Monólogo

Print Friendly, PDF & Email