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Por la cuarta: ¿Qué es para ti el amor? por Enriqueta Burelo Melgar

Enriqueta Burelo Melgar Programa de la Mujer, Consejo Estatal de Población 1984, Fundadora del Departamento de Género, UNACH y fue Secretaria Municipal de la Mujer, Tuxtla Gutiérrez (2015-2018). Se ha desempeñado como articulista y conductora de televisión. Colaboró en el libro Desde mi Piel, un retrato de 20 políticas chiapanecas en el 2015.

¿Qué es para ti el amor? Ante tal pregunta nuestra cabeza gira pensando en cuál será la respuesta correcta, mientras con fondo musical de Frank Sinatra cantando: Te tengo, en lo profundo de mi corazón Tan profundo en mi corazón que eres realmente una parte de mí, pero también, alguien podrá tener de fondo musical a José Alfredo Jiménez: Para de hoy en adelante ya el amor no me interesa. Cantaré por todo el mundo. Mi dolor y mi tristeza. Porque sé que de este golpe ya no voy a levantarme. Y aunque yo no lo quisiera. Voy a morirme de amor.

Cuando intentamos definir que es el amor, entran en juego nuestras experiencias personales, las emociones que hemos vivido con él. Alguien piensa que el amor es tomar a quien quiere de la mano con eso basta. Si eres de los que siente que el amor es eso que sucede cuando tomas a quien quieres de la mano y puedes permanecer así, simplemente, sin decir siquiera nada, eres de las personas para quienes lo más importante a la hora de amar es el contacto. Necesitas que quien tanto quieres esté contigo y sentirlo físicamente para saberte seguro, acompañado y feliz.

O puedes decir que el amor es compartir, lo cual significa que para ti es fundamental, en el amor, convertirse en compañeros. Eso implica desarrollar una relación pareja donde cada uno pueda tener y desarrollar sus espacios, pero también sepa respetar y acompañar al otro.

Aparentemente elegimos vincularnos con una u otra persona desde la «libertad» de elegir. Pero, ¿lo hacemos realmente de una forma libre?

Fina Sanz, psicoterapeuta española en su libro, La pareja, un acto de amor,  nos habla del contrato de pareja que parte del contrato personal que cada persona puede tener. ¿Cómo me gustaría vivir en pareja?, ¿Cómo sería para mí una pareja adecuada?… Cada persona ha de pensar qué es lo que quiere, qué es lo que no quiere y qué es lo que sería negociable o lo que no.

Uno de los problemas que pueden suceder es que muchas veces no pensamos, no somos conscientes de lo que queremos en una relación de pareja. Las personas se unen porque se quieren, porque tienen atracción sexual, etc., pero no saben muy bien lo que cada cual desearía de una pareja y de un proyecto en común y eso lleva a que no lo negocien. Cuando esto pasa nos podemos encontrar con problemas como por ejemplo que una persona quiera una pareja abierta a otras relaciones sexuales y la otra persona no lo quiera, hasta detalles que parecen inocentes

Por otra parte nos enfrenta a dos conceptos, amar desde la necesidad, que significa amar desde la dependencia. Hay personas que se vinculan por cumplir expectativas sociales o por creer que no tener pareja es un fracaso. Entonces se vinculan y aman desde la necesidad de amar a alguien y sentirse amada o amado.

O el lado opuesto amar desde la libertad es sentir que tenemos una capacidad amorosa infinita, que podemos amar a personas, animales o a la naturaleza… pero que decido vincularme y amar a las personas que me tratan bien, con las que comparto y creo vínculos, sin tener miedo a estar sola o solo y sintiendo que puedo amar desde la libertad.

La convivencia en una pareja es uno de los elementos que tiene que ver con el contrato de pareja del que he hablado anteriormente. Hay parejas que prefieren, al menos puntualmente, vivir en casas separadas y tener sus proyectos individuales pero verse todos los días o los fines de semana. Un poco a lo Simone de Beauvoir y Jean Paul Sartre; o la pareja tradicional que prefiere tener una convivencia más estrecha, en la misma casa. Eso puede gratificar porque estás creando un proyecto de vida conjunta.

Pero también, es curioso a lo largo de nuestra vida, no permanecemos iguales, sufrimos un proceso de evolución, en mi caso cuando tenía 30 años le apostaba al modelo tradicional, de vivir juntos en una casa, como nuégados, hoy a los 65 años, me encantaría vivir en un dúplex y vernos cuando estemos de ánimos, tener un horario de convivencia,  o viviendo en casas separadas y viviendo juntos el fin de semana.

Por otro lado la mezcla de amor y sexualidad, da diversos tipos de parejas, el amor profundo hacia esa persona, la sexualidad (una buena comunicación sexual, afectiva, amorosa), y una buena convivencia, tanto si se vive en la misma casa o no, según hayan decidido. Cuando esos tres elementos se dan, hay amor, hay muy buena comunicación sexual y hay muy buena convivencia. En ese caso hablaría de una pareja afectivo sexual, en toda su plenitud.

Cuando se aman mucho y pueden convivir muy bien, pero no hay atracción o contacto sexual, hablo de pareja espiritual. Pueden vivir muy bien si están de acuerdo con ese tipo de acuerdo, de contrato, mientras que la pareja de amantes se da cuando existe entre ambos una gran atracción sexual, buena comunicación sexual, pero habitualmente no hay un proyecto de vida.

La falta de espacio personal es algo que sucede mucho en el ámbito cotidiano. El espacio personal es nuestra vida: lo que pienso, lo que quiero, lo que me gustaría hacer, mis expectativas, las actividades que me gustan, qué tipo de relaciones me gusta tener, que quiero hacer ahora, qué me gustaría en un futuro…Voy construyendo día a día mi espacio personal y decido compartir parte de ello con la gente a la que quiero. Es algo muy importante en la relación de pareja.

Tradicionalmente hemos vivido un modelo de inclusión en el que la mujer dependía del varón socialmente. La mujer trabajaba en la casa y con las criaturas, pero se valoraba el trabajo del exterior. Se entendía que el hombre tenía su espacio, el afuera, el éxito, el trabajo, el dinero, y la mujer tenía el pequeño espacio de la casa, al que no se le daba valor. Actualmente tendemos hacia unas relaciones más igualitarias donde cada persona se desarrolla y se empodera. Cuando queremos tener un proyecto de pareja es importante que ambos tengan su espacio personal, sus actividades, sus proyectos y aquellas cuestiones que le den sentido a su vida, pero que además deseen compartir parte de esas actividades con la pareja. Sin dejar, eso sí, de mantener un cierto espacio personal. Cuando no tienes conciencia de espacio personal, muchas veces se fantasea con que nuestra vida, nuestro espacio, es el que nos da la pareja, con lo cual fácilmente nos colocamos en relaciones de dependencia.

A lo largo del vínculo de pareja podemos constatar que cierta manera de actuar o de sentir de nuestra pareja no corresponde a las expectativas que teníamos o a lo que habíamos acordado en nuestra relación. Se produce así una caída de nuestras expectativas, un desamor.

 

También puede ocurrir que una persona u otra de la pareja cambien, y lo que habíamos contratado ya no nos sirva, de modo que tengamos que renegociar los acuerdos y proponer otra forma de estar o de convivir.

 

Sea como sea, hay que plantearlo, hay que dialogar para resolver el conflicto porque a veces es fácil reestructurar algunas cosas. Pero si no se llegan a acuerdos, si no hay posibilidad de negociación, es bueno despedirse de la mejor manera posible, pudiendo reconocer que si bien nos pueden unir muchas cosas, tal como funciona la pareja en la actualidad no corresponde a nuestro proyecto y no nos genera bienestar.

Finalmente tenemos el fragmento del poema de Virginia Satir que define lo que debe ser una buena relación de pareja, desde la libertad:

Quiero amarte sin aferrarme,

Apreciarte sin juzgarte,

Unirme a ti sin invadirte,

Invitarte sin exigirte,

Dejarte sin sentirme culpable,

Criticarte

Sin hacer que te sientas culpable

Y ayudarte sin ofenderte.

Si puedo obtener de ti el mismo trato,

Podremos conocernos verdaderamente

Y enriquecernos mutuamente

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