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Por la cuarta: Cerrar ciclos: aquí y ahora por Enriqueta Burelo Melgar


Enriqueta Burelo Melgar Programa de la Mujer, Consejo Estatal de Población 1984, Fundadora del Departamento de Género, UNACH y fue Secretaria Municipal de la Mujer, Tuxtla Gutiérrez (2015-2018). Se ha desempeñado como articulista y conductora de televisión. Colaboró en el libro Desde mi Piel, un retrato de 20 políticas chiapanecas en el 2015.

 

Por la Cuarta | Enriqueta Burelo Melgar

De repente hoy sentí que me debía a mí misma un cierre de ciclo, un año, el 2020, con todos sus claroscuros, puso a prueba nuestra capacidad de resiliencia, ver desde otra perspectiva la  pandemia, no solo como un ataque a nuestra intimidad, nuestro estilo de vida, sino, también de una oportunidad de hacer una pausa, de detenernos y de reflexionar como colectivo y a nivel individual, su significado, en términos médicos, políticos, económicos, amorosos, violencia de género, bueno, múltiples aristas.

Y al acercarse el 31 de diciembre, al comernos la última uva; al dar el reloj las 12:00, me sumergí en el mundo de los cierres, no de las cremalleras, que sirven para cerrar los pantalones, las  faldas, blusas, sino, también portafolios o maletines, sino de los cierres, que implican resolver o darle un carpetazo definitivo, mandar al archivo muerto, una relación, proyecto o sentimiento.

En ocasiones alabo la sabiduría del mensaje de AA, un día a la vez, solo por hoy, para quienes conforman esa comunidad, pensar así los ayuda a vivir el presente, sin embargo, para quienes no estamos inmersas en esa filosofía, vivir el “aquí y el ahora”, tiene que pasar por una serie de cierres, de emociones, sentimientos, asuntos, que venimos arrastrando y que nos impiden vivir sanamente, el día a día.

Un ejemplo, les contaré una situación que es muy común que te ocurre a mí, a ti, a tu, a nosotras,  cada mañana, son las siete de la mañana y para X, una mujer  de 30 años con ganas de convertirse en un artista reconocida, o escritora, o política,  el tiempo se le ha ido sin darse cuenta. Se levantó a las cinco, y aunque han trascurrido dos horas, ella aún está en pijama y temerosa de no poder cumplir una cita para mostrar sus cuadros para una exposición, no terminar un proyecto, no estar a tiempo con el novio, o no poder llevar a su mamá a consulta.

Se la ha pasado picando aquí y allá sin concretar nada. Empezó a tender la cama, pero recordó que hoy vence el recibo del agua y se conectó a internet para pagarlo. Mientras trataba de recordar su clave, una amiga la saludó en el messenger y se enganchó en esa conversación por un par de minutos. Sin embargo, el sonido de la lavadora la hizo levantarse de la silla para poner un poco de suavizante a la ropa, justo en la mitad de ciclo. Y así, iniciando uno y otro “ciclo”, se la ha pasado desde que abrió el ojo, haciendo mil y una cosas sin terminar ninguna. Seguramente, mientras paga el recibo, habla con su amiga por internet, termina de tender la cama, y espera que la lavadora acabe con su tarea, le darán las diez de la mañana.

Y así es el resto de su vida: lleva dos años terminando la tesis de su licenciatura, pero hace seis meses decidió iniciar una carrera complementaria a distancia, y su tiempo no le alcanza. Su vida afectiva no es muy distinta, está terminando una tormentosa relación de cinco años y ya está enredado con alguien más. En fin, ciclos y ciclos sin cerrar.

Así es la vida de muchas. En un afán por aprovechar el tiempo, por sacarle partido a la vida, empiezan decenas de cosas de manera simultánea y terminan “quemadas” en todas.

Uno de los temas más comunes en terapia se relaciona con aquel mal consejo popular: “un clavo saca otro clavo”. En medio de una desilusión amorosa, o de una relación desgastada que aún no acaba, y que son incapaces de terminar, se topan en la vida con otro prospecto de pareja y, sin cerrar el ciclo anterior, inician una nueva relación que termina enredada con la que aún está dando sus últimos respiros. Esto genera confusiones y malestares emocionales de los cuales luego es muy difícil salir.

Así es. Parece que hacer duelos, los cuales obviamente duelen, es algo que pocos están dispuestos a vivir. Y eso tiene una explicación clara: vivimos en una sociedad que le huye al dolor y sólo celebra el placer; en medio de lo duro que puede ser terminar una relación agonizante decidimos anestesiarnos con la novedad que nos ofrece un nuevo participante, el que completa un trío amoroso con pocas esperanzas de vida sana. Amores inconclusos se convierten en ciclos abiertos y trágicos.

¿Y qué tal el caso de los proyectos de vida, esas personas “golosas” que aseguran que “para dormir… el panteón” y desde esa filosofía deciden vivir a mil por hora?

“Agarrones familiares”, esa pelea de antaño con mamá con una causa justificada o no, y que provoca un distanciamiento. O las molestias entre hermanos, que deciden no hablar entre sí y se declaran la guerra a muerte, muy a pesar de que por sus venas corra la misma sangre. Todas estas peleas se convierten en una preocupación inconsciente.

Es entonces cuando debemos decir “paren el mundo, me quiero bajar”, y el bajarnos implica iniciar el ciclo de cierre de asuntos inconclusos, que son resentimiento o rabia no expresada, culpabilidad no resuelta, acciones del pasado no aceptadas, la no resolución puede implicar otras personas o algunos aspectos de uno mismo.

En ocasiones la tensión encuentra su expresión en el cuerpo, produciendo trastornos psicosomáticos como son las úlceras, los fuertes dolores de cabeza, el dolor de espalda, la artritis, o las crisis de asma. . La salud psíquica, desde el punto de vista de la Terapia Gestalt, implica actualizarse en el sistema de valores; adquirir sabiduría, poder  y amor; desarrollar el sistema de auto-soporte); ser responsable y auténtico; y, lo más importante, establecer un buen contacto consigo mismo y con el entorno. La persona sana identifica lo que necesita en cada momento existencial y lucha con todas sus fuerzas para conseguirlo

Vivir con intensidad es escoger un plato y disfrutarlo hasta el final. Después, se podrá pasar a lo que sigue, hasta llegar al  postre.

 

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