fbpx
Home > Opinión > Por la Cuarta: La trampa del teletrabajo o home office por Enriqueta Burelo

Por la Cuarta: La trampa del teletrabajo o home office por Enriqueta Burelo


Enriqueta Burelo Melgar Programa de la Mujer, Consejo Estatal de Población 1984, Fundadora del Departamento de Género, UNACH y fue Secretaria Municipal de la Mujer, Tuxtla Gutiérrez (2015-2018). Se ha desempeñado como articulista y conductora de televisión. Colaboró en el libro Desde mi Piel, un retrato de 20 políticas chiapanecas en el 2015.

Por la Cuarta | Enriqueta Burelo Melgar

 

Las mujeres, bueno no todas, a mí me encanta la bulla de la oficina, el contacto con los compañeros y compañeras, el intercambio de ideas y de chismes face to face, escaparnos para el lunch, sin embargo, para muchas compañeras el home office como sofisticadamente se le dice  aun cuando a mí me suena a barrer y trapear, cosas que odio con odio jarocho,  significa un ahorro de tiempo y dinero para trasladarse a la oficina. Por otro lado si tiene jefes flexibles que no les importa el tiempo destinado al trabajo, o las hora nalga, sino los resultados, pues ya la hicieron, es posible ir campechaneando como se dice coloquialmente, con otras tareas domésticas, sobre todo cuando no contamos con ayuda, una cuartilla de trabajo, y echamos la ropa a la lavadora, hacemos la nómina, y cortamos las verduras, elaboramos un presupuesto y vamos de carrerita por los niños, que lindo el teletrabajo.

Lo que cuento es maravilloso, siempre y cuando nuestra pareja, si la tenemos, esté en su oficina, los hijos e hijas están en la guardería o en la escuela, pero qué pasa si nos cae encima esposo, hijos, trabajo doméstico, teletrabajo, y para acabar el coronavirus, ahí ya no tiene nada de extraordinario.

Me puedo imaginar un día no tan común y corriente, ya que no es de todos los días estar 60 días enclaustrada en tu casa a punto de ser monja, por ejemplo, una amiga a la que llamaremos Jose tiene que comunicarse diariamente a Shangai, ya que su oficina tiene vinculación con proveedores de esa zona y la escogieron aparte de que es buena negociadora porque habla mandarín, y saben a qué horas es la conversación, parece broma, pero por la diferencia de horarios a la una de  la mañana, eso no significa problema, si estás viendo una película o serie, leyendo un libro, sin embargo, si estás profundamente dormida, ya dejaste puesto el despertador una media hora antes, lavarte la cara, desamodorrarte, situarte en Shanghái, y ponerte buza caperuza para lograr un buen acuerdo, al final de esto, como te vuelves a dormir, un verdadero calvario, si bien te va después de media hora de contar ovejas o ponerte aceite de lavanda detrás de las orejas y en las sienes, ya estás soñando con los angelitos, pero puede que su pareja se despierte con la libido parada y quiera hacer gimnasia en la cama, y  te quita una hora de sueño, si la relación fue satisfactoria, pues valió la pena la desvelada, pero si solamente fueron escarceos que no llegaron a más, echémosle la culpa al Coronavirus y trata de dormir.

Jose se  despierta en ocasiones, no importa Shanghái, no importa el sexo en la madrugada, a las 8:00 o 8.30 si bien le va, la despiertan los gritos de los críos, el mayor de 9 años, el menor de 5, que ya andan dando vueltas por la cocina, y viendo que desayunan, además  en su oficina se siguen los horarios de siempre y cada cierto tiempo monitorean sus avances, ella a las 10:00 horas ya tiene que estar sentada frente a su computadora, mientras que su pareja sigue cómodamente en la cama.

Durante toda la mañana, los niños interrumpen continuamente a Jose pidiéndole ayuda para las clases en línea, que si no pueden subir la tarea, que no le entienden a un problema, que si en la casa hay un juego de geometría, etc., porque a pesar de todas las promesas hechas, la carga de los hijos sigue siendo de la madre, y aunque algunos padres por estar entretenidos han brindado su apoyo, no lo consideran como parte de sus obligaciones. Y no solo es la tarea, donde están las galletas, que ya les dio hambre nuevamente, en fin todo lo que se les puede ocurrir a esa edad, que tiene que ir a separarlos porque están peleando…

A la una de la tarde  la pareja tiene hambre, quiere una botanita, y le dice nadie va saberlo, acompáñame nos tomamos una cerveza, y luego regresas a trabajar, esto es casi todos los días y si no hubo gimnasia nocturna, a esa hora, el beso detrás de la oreja, mete la mano entre las piernas, mientras  estás cuadrando los últimos números de un presupuesto, en esos momentos el erotismo anda por las nubes y estás más fría que una chela bien elodia, en ocasiones tienes que responder en automático, en otras tal vez un toque por ahí y otro por allá y te prende, aprovechando que los críos tienen de niñera una programa de tele que les interesa, ya les ha tocado caerse de la cama ante la sorpresa de una interrupción. Finalmente mantener relaciones sexuales alivia el estrés de muchas maneras.

Jose tiene la ventaja de que ella y su compañero están en cuarentena juntos, están sanos, pero que pasa cuando el trabajo de la pareja continua, el sale a repartir pizzas y ella se queda con los nenes. El vuelve y quiere tener sexo y a ella le da miedo. No tiene celos de otras, sino temor del virus. ¿Y si él la acaricia con las mismas manos con las que antes agarró dinero, entregó la bolsa de hamburguesas, se le acercó un perro, sostuvo el manubrio, saludó a un compañero, compró un agua? Lo manda a bañar y a sacarse la ropa. Pero no es un strip tease. Él se siente rechazado y ella sin ganas de contacto.

Nadie sabe cuál va a ser el final de esta pandemia. Tampoco los efectos amorosos. Muchos prevén un baby boom y otros una ola de divorcios. Pero quienes están en convivencia tienen el bonus track de poder tener sexo en común con quien les toca compartir este juego de la silla (o de la cama) ahora que no se puede salir.

Y retomando la trampa del teletrabajo como hemos titulado a esta reflexión, nos encontramos con la falta de corresponsabilidad que es producto de una cultura y no se modifica de la noche a la mañana. Lo que sí ha provocado la crisis, y el estado de alarma, ha sido que el problema de este desequilibrio se haya hecho mucho más evidente. En muchos hogares, con la presencia de ambos progenitores en casa, puede que haya una corrección momentánea en la redistribución de las tareas doméstica y del cuidado de menores, pero eso no supone que las mujeres dejen de ser las principales responsables.

Desafortunadamente es en las mujeres en quien se deposita la responsabilidad del cambio y por el momento, mientras estamos encerrados a poner reglas, a distribuir tareas, y pasada la pandemia, no suframos de amnesia.

Tenemos el caso es un recurso habitual por parte de las madres con ocupaciones de desempeño flexible, y que requieren tareas de máxima concentración y silencio, el teletrabajar durante la madrugada, bien sea retrasando el momento de ir a la cama o levantándose antes que el resto de miembros de la familia.

No se vale compañeras, ya superamos los tiempos de Marga López, Prudencia Griffel, Sara García, Libertad Lamarque, gloriosas heroínas del cine mexicano cuya vida estaba plena de abnegación y sacrificio, nuestras heroínas lloraban desde que iniciaba la película hasta que terminaba, mientras tanto los esposos les ponían el cuerno, los hijos eran desagradecidos aun cuando al final de la película regresaban a pedirle perdón cuando la mama estaba al borde de la tumba,

Mamas de cuarentena pongan sus reglas, dense tiempo para descansar, de los hijos, del esposo, del teletrabajo, hasta de ustedes mismas que es lo más difícil,  y como en la película de Julia Roberts, aun cuando no vayamos a la India, ni a Italia, ni a Paris, podemos desde nuestra casa: Comer, Rezar y Amar, de esta manera exorcizaremos la sensación de soledad en tiempos de pandemia.

Print Friendly, PDF & Email