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Por la cuarta: Jubilarte del trabajo, no de la vida por Enriqueta Burelo

María Enriqueta Burelo Melgar originaria de Chiapas ha sido Coordinadora del Programa de la Mujer, Consejo Estatal de Población 1984, Fundadora del Departamento de Género, UNACH y fue Secretaria Municipal de la Mujer, Tuxtla Gutierrez ( 2015-2018). Se ha desempeñado como articulista y conductora de televisión. Colaboró en el libro Desde mi Piel, un retrato de 20 políticas chiapanecas en el 2015.


Por la Cuarta | Enriqueta Burelo Melgar

 

Jubilarte del Trabajo, no de la Vida.

Hace unos años platicaba con una amigo sobre la jubilación, el sabiamente me aconsejaba que si no tenía un proyecto de vida no me jubilara. En mi caso ni siquiera esperé la jubilación, me pensioné, tenía ganas de hacer nuevas cosas, sentía que 17 años en el último trabajo que me permitió la pensión eran suficientes, tenía que dar paso a nuevas experiencias, y dado que ingresé a la universidad, a una edad joven, pero no tanto, mi jubilación se daría a los 67 años de edad y yo sentía que si me esperaba este periodo de tiempo, saldría con muletas o en silla de ruedas.

Me había tocado compartir experiencias de compañeras que a los pocos meses de jubiladas habían fallecido, el caso de otra que ya no alcanzó a disfrutar de su jubilación por un problema del riñón, y hubo quien más murió trabajando, debido a que el trabajo era su vida, que si renunciaban a este, renunciaban a vivir.

En ocasiones no sé si fue la mejor decisión, pero cuando el día me ofrece la oportunidad de levantarme tarde, quedarme leyendo en la cama, ver una película o una serie, contestar mis mensajes con calma,  reunirme a desayunar con amigas sin la presión del horario laboral, siento que tomé la mejor decisión.

El trabajo es parte importante de nuestra vida, es una espacio que nos permite desarrollarnos profesional y personalmente, nos permite hacer amigos y amigas, en ocasiones lo consideramos como nuestra segunda casa, sin embargo, tal vez no todas las personas coincidan conmigo, el trabajo no lo es todo, como seres humanos tenemos el derecho al descanso, a disfrutar de los pequeños placeres que la vida nos ofrece cotidianamente, estar con la familia, aprender nuevas cosas, cada edad tiene su razón de ser, y el tiempo de la jubilación es disfrutar de sí misma y dar gracias porque nuestro trabajo nos permite jubilarnos o pensionarnos, cuantas personas no tienen derecho a ello y los ves trabajando hasta el último día de su vida.

Recuerdo como si fuera ayer que el encargado de las jubilaciones de la Dirección de Personal, me comentó si gusta ya la puedo pensionar ya cumple usted con los requisitos, le comenté que me diera un año más de chance para prepárame emocionalmente, cuando se cumplió el termino me ofrecieron otro trabajo, por lo que realmente sentí las consecuencias de la pensión, tres años más tarde.

No niego que extraño en ocasiones mi trabajo, sin embargo, mi corazón me dice que hice lo correcto, gano menos, pero disfruto de la vida, no sé si dentro de siete años, hubiera estado en las mismas condiciones físicas o anímicas para disfrutar de mi descanso, mi mama diría a la vejez viruelas, pero he tenido hasta romances, con mis arrugas, mis michelines, que manera tan elegante de llamar a las lonjas, mis rodillas que de repente repelan por cargar este cuerpecito, pero ahí estoy disfrutando y recobrando mi sensualidad, erotismo y  joie de vivre como dicen los franceses.

Se dice que nuestra autoestima puede sufrir leves o graves caídas, sin embargo, gracias al amor propio, al feminismo, al trabajo conmigo misma, salgo a la calle y me siento una torera que cortó rabo y oreja, y que el respetable le lanza sombreros, flores y le pide vuelta al ruedo.

Si quisiera eliminar la pancita, las llantas, desaparecer esos brazos de boxeador, y me gustaría encontrar a un genio de la lámpara, que en estos días se disfraza de cirujano o cirujana plástica y que por arte de magia los haga desaparecer, en el gimnasio el entrenador me aconseja que asista todos los días, una hora y media para tonificar mis brazos, pienso, hora y media que finalmente son dos horas y pico por el traslado, me impide escribir, tengo que salir de casa, es tiempo que puedo dedicar a la lectura o sumirme en la biografía de Simón Bolívar y sentirme Manuela Sáenz,  ‘la libertadora del libertador’.

Si me cuido más la cara, he comprado nuevas cremas y sueros de calidad, mientas adquiero en las tiendas chinas que han proliferado en Tuxtla, máscaras para hidratar o nutrir la piel de la cara y como siempre hago varias cosas a la vez me pongo mi mascarilla que guardo en el refrigerador y al mismo tiempo descargo de la app, la meditación que me toca ese día y diez minutos después me siento relajadísima y pa que soy buena.

El tarot, mi plano astral, el mindfulnees, las amigas, las conquistas amorosas, los libros eternos amigos, la música, mis  redes sociales, las nuevas luchas por los derechos de las mujeres, me hacen sentir más plena y decidida para enfrentarme como don Quijote a los molinos de viento, como Rosa Parks a sentarme donde se me pega la gana, a escribir redondillas como Sor Juana, y adentrarme en El intenso calor de la luna de Gioconda Belli, donde una mujer entrada en la madurez encuentra fortuitamente una nueva pasión.

Disfruten su jubilación…..y que suba la temperatura.

 

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