Solidaridad entre costuras

Mujeres de Alicante que habitualmente se dedican a fabricar calzado, cosen desde sus casas mascarillas quirúrgicas, en plena emergencia sanitaria y de forma totalmente altruista


Madrid / AmecoPress.Siempre han sido invisibles. Siempre han cosido desde sus domicilios las piezas de los zapatos que luego se venden en las zonas comerciales de grandes y pequeñas ciudades. Esta semana, han querido aportar su granito de arena a los esfuerzos que realiza la ciudadanía para frenar la expansión del coronavirus. En colaboración con el Centro Tecnológico del Calzado (INESCOP), un grupo de mujeres alicantinas fabrica mascarillas quirúrgicas que escasean en los centros sanitarios para ayudar a esta fuerte crisis del coronavirus.

“Está demostrado que, quien necesita más ayuda, es quien da más en momentos de dificultades”. Carmen Expósito, responsable del sector de la moda en CCOO de Industria, explica con estas palabras el acto altruista que están protagonizado esta semana las mujeres que, en las localidades alicantinas de Elche, Elda y Villena, han decidido participar en una acción solidaria promovida por INESCOP, el centro de innovación y tecnología que les facilita y corta el tejido.

Sin cobrar nada por ello, cosen a diario desde sus domicilios cientos de mascarillas quirúrgicas que, tras ser revisadas, se enviarán a los hospitales donde ya son un material escaso. Expósito relata que estas mujeres, conocidas como aparadoras en el sector del calzado, “siempre han sido invisibles”. Desde hace décadas, y tras las huelgas de la década de los setenta, forman parte de la economía sumergida. En una tupida red de subcontratación, cosen las piezas de los zapatos en sus domicilios o en pequeños talleres, a cambio de muy poco salario, sin contrato y sin derechos laborales.

Precisamente en este momento CCOO de Industria está preparando una campaña para acabar con una precariedad extrema y a todas luces injusta. Las aparadoras exigen desde hace tiempo que, llegado el momento de su jubilación, puedan cobrar la pensión que se merecen, tras cuarenta años de actividad pegadas a una máquina de coser. El sindicato intentará que se les aplique el convenio colectivo del calzado, el único que todavía regula el trabajo a domicilio. Estas mujeres deben tener su contrato de trabajo y cobrar las cantidades que establece el convenio sectorial.

“Esta situación se tiene que acabar”, recuerda la responsable del sector de la moda en CCOO de Industria. “Trabajar de esta manera convierte a las aparadoras en trabajadoras de segunda clase”, añade.

No tienen Seguridad Social, ni prestación por desempleo. Mientras les llegan los derechos, y ahora que las fábricas del calzado han cerrado por miedo al contagio, este grupo de mujeres ha decidido que el sonido de las máquinas de coser se siga escuchando por las calles de sus localidades. Temporalmente no fabricarán calzado. Durante unas semanas elaborarán mascarillas tejidas con el hilo de la solidaridad.