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Ante los feminicidios, salir juntas de la desesperanza


Varias mujeres activistas conversaron sobre las estrategias para protegernos del contexto de violencia feminicida en el estado. “A pesar del miedo, no nos van a detener”.
Puebla / Sabina Torres (Lado B).- “Ara está triste […] Este año le ha tocado cubrir un feminicidio cada mes: Alison de 2 años, la maestra María de los Ángeles, de 63; ahora Angie Michell, de 19; más los anteriores y los que se acumulan”, apunta Mely Arellano, directora de LADO B, en su boletín semanal feminista Ahora que estamos juntas.

Este texto, no sólo aborda el problema de los feminicidios, sino también la frustración y desesperanza que le deja a Aranzazú Ayala (reportera del portal) el vivir bajo este contexto y cubrir estos asesinatos; un sentimiento compartido por muchas otras mujeres.

El estado de Puebla sigue sumando feminicidios. Según las cifras del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP), se registraron 6 feminicidios en promedio cada mes durante el primer semestre de 2020, lo cual significó un aumento del 21% respecto al año anterior. Mientras que en un seguimiento mediático realizado por LADO B, se han contabilizado al menos 44 casos.

En busca de respuestas ante este panorama desolador, esta casa editorial organizó un conversatorio el jueves 6 de agosto (vía Zoom), con la finalidad de conocer el sentir y las opiniones de mujeres que se encuentran en distintas áreas, desde las que se puede incidir para mejorar el entorno en el que vivimos.

Titulado ¿Qué hacemos ante los feminicidios? en este conversatorio participaron Mely Arellano; Gabriela Cortés, fundadora de El Taller, AC; Natalí Hernández, directora del Centro de Análisis, Formación e Iniciativa Social (Cafis); Catalina Aguilar Oropeza, fundadora de Chihuatla A.C. (organización sin fines de lucro); y Samantha Páez, periodista y coordinadora del Observatorio de Violencia de Género en Medios de Comunicación (Ovigem), para exponer y compartir la opinión que tienen respecto a este tema, así como su perspectiva sobre cómo cambiar esta realidad.

La violencia estructural y la falla del estado

De acuerdo con Natalí Hernández, el feminicidio es un fenómeno que se da en el tejido social, ya que no solo se conforma por la idea o el sentimiento aislado de quien lo comete, sino que tiene relación con otras prácticas de violencia hacia las mujeres que están normalizadas por la sociedad.

Con base en los textos de la activista y docente de la BUAP, Raquel Gutiérrez, Natali Hernández invitó a las mujeres a pensar en el sostenimiento de la vida de las mujeres, analizar nuestros entornos, pues ahí es en donde se encuentra el fondo causal de estos asesinatos.

Delitos como el acoso, el hostigamiento y el abuso sexual, han ido en aumento de manera constante en el estado, y es este tipo de violencia normalizada la puede escalar hasta su forma más grave, que es el feminicidio. Mirar a estos actos violentos desde otra perspectiva que no sea la que el sistema patriarcal nos pone de frente, nos ayuda a entender que, como mujeres, no somos culpables ni buscamos que nos violenten, puntualizó Hernández.

En ese sentido, Catalina Aguilar señaló que podemos contemplar la evolución del reconocimiento de las mujeres en el marco legislativo, ya que factores como el acceso a la justicia y el tener certidumbre jurídica y económica son determinantes para garantizar la seguridad de las mujeres

Así, aunque el principal responsable para garantizar el cuidado integral de las mujeres es el Estado, este no ha posibilitado, por ejemplo, estrategias de prevención, acogimiento y acompañamiento a mujeres que sufren algún tipo de violencia.

Sin esa protección, muchas mujeres no tienen opciones para huir de una pareja violenta, por ejemplo, si saben que al salir no podrán sostener sus necesidades básicas y las de sus hijos o hijas, agregó la activista.

Accionar desde diferentes disciplinas

Gabriela Cortés enfatizó, por su parte, que es imprescindible para esta lucha el reconocer que las acciones que manifestamos cada una de nosotras –desde nuestros contextos particulares– abona a la visibilización sobre la violencia de género; no estamos hablando de acciones aisladas, sino de un entramado de mujeres que desde sus posibilidades aportan algo para combatir la violencia.

Así pues, Cortés mencionó que desde ramas que podrían parecer poco inesperadas, como en su caso, el teatro, se puede “denunciar, resignificar y dar voz a quienes no se atreven a hablar”. Además, en sus montajes pueden también compartir medidas de prevención contra la violencia.

Por otro lado, Samantha Páez habló acerca de cómo podemos enfrentar los feminicidios desde el periodismo, apuntando que la única ruta para hacerlo es formándonos en nuestras áreas de interés pero con una perspectiva de género pues, aprendiendo a ver lo que ocurre con esta mirada, se podrá avanzar en la lucha de la visibilización de las necesidades de las mujeres. De igual manera, así se puede ayudar a prevenir la violencia, atender las injusticias, los casos impunes y las desapariciones de mujeres sin respuesta.

Salir de la desesperanza juntas, no estamos solas

“Necesitamos construir una estrategia y salir de la desesperanza juntas”, expresó Mely Arellano.

Una de las propuestas de Natalí Hernández es expresar los sentimientos que nos provoca la violencia contra las mujeres. Remarcó que no debemos olvidar lo importante que es formar espacios de contención físicos y virtuales, en donde podamos dialogar sobre lo que sentimos y crear planes de acción que ayuden a protegernos; porque si el Estado no cumple la función de cuidarnos, entonces la comunidad de mujeres debe incidir en ello.

En este mismo sentido, Gabriela Cortés hizo hincapié en que llorar, sentir dolor y miedo también es parte de esta construcción de la lucha. Sin embargo, a pesar del miedo, “no nos van a detener”, y al final, todas las ponentes coincidieron en que aunque el cambio se sienta lento o paulatino, será consistente.

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