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Ser lesbiana, un reto doble: no como víctimas sino como mujeres en resistencia

Citlalli López Velázquez.- Nacer mujer en una sociedad predominantemente machista representa un reto que se duplica cuando, rompiendo todos los estereotipos de género, se nombran abiertamente lesbianas.

Asumidas no como víctimas sino como mujeres en resistencia, algunas hicieron de su forma de vivir una acción política de reivindicación de las mujeres lesbianas, que viven incluso dentro de la comunidad Lésbico, Gay, Bisexual, Transexual y Transgénero (LGBTTI), al ser las más invisibilizadas.

“Muchas no se atreven a nombrarse lesbianas, la palabra para la mayoría es incómoda porque se ha construido desde el desprecio de la sociedad”, explica la poetisa istmeña Yadira del Mar, lesbiana que por ser indígena enfrenta una triple discriminación.

“En la comunidad la palabra que designan para nombrar a las lesbianas es “nguiu”, este vocablo que traducido se ha construido desde la discriminación, desde un odio y del asumir que una mujer lesbiana quiere parecerse a un varón. Todo el tiempo hay una comparación sobre ellas porque no la conciben fuera de este rollo tan encasillado de las mujeres en las comunidades de origen, y más aún en el Istmo en donde existen estas mujeres super femeninas, con los bordados maravillosos, peinados y aretes; otras mujeres que no embonan en esta visión entonces son señaladas, son a las que corren de las velas”.

Yadira del Mar es originaria de la región del Istmo de Tehuantepec, actualmente radicada en la Ciudad de México en donde estudió sociología.

Como indígena migrante y lesbiana, enfrentó la discriminación en una triple dimensión.

“Seguir conservando tu raíz, nombrándote indígena, es difícil y si a eso le sumamos la lesbiandad, lo es aún más. Recuerdo que alguna vez me dijeron ¡Oh, aparte de india también eres lesbiana!”, rememora.

Nombrarse abiertamente lesbiana fue parte de todo un proceso que concretó hace apenas cuatro años.

“Me supe lesbiana desde chica. Justamente por el miedo a la discriminación es que no tenía la fuerza para enunciarme. Tenía miedo al rechazo de mi papá y de mi mamá por estos estereotipos que colocan a las mujeres como casarse y tener hijos”.

Durante mucho tiempo -recuerda- negó su lesbiandad, pero un accidente en el que falleció la pareja con quien había establecido una relación heterosexual, la motivó a abrir la puerta del closet y abandonarlo por completo.

“Salir del closet no fue tan dificil. Pensaba que iba a ser complejo explicarlo a mi mamá, a mi familia y no fue así, simplemente se los expresé. Mi madre me dijo que no se iba a oponer a lo que yo sentía. Yo no podía seguir encerrada en un lugar que no me corresponde, evitando vivir lo que siento y lo que deseo”.

“Nombrarme, el principal paso”

“Al inicio me nombraba bisexual, me costó mucho trabajo descartar la heterosexualidad por completo y había algo que me frenaba a reconocerme. Al paso del tiempo decidí aceptarme tal cual soy”, explica Angie, quien se desempeña como médica cirujana.

Al igual que Yadira del Mar, nombrarse se volvió el paso fundamental para cortar con la tristeza e incluso depresión que les provocaba un eventual rechazo.

“Fue durante la adolescencia cuando comencé a sentir atracción por las mujeres, ello fue dificil porque no había mucha información respecto a la sexualidad. Esa etapa fue muy complicada porque comencé a sentir mucho rechazo de mi misma hacia mi persona, sentía que de alguna forma defraudaba a mi familia, a mis amigos, me daba miedo enfrentarme a las críticas y rechazo social, prejuicios que yo misma me planteaba”, relata.

Vencer miedos y temores fue un largo proceso, “en el camino encontré gente como yo, otras mujeres que vivían lo mismo. Entablé amistades que me hicieron sentirme acompañada. Me empecé a informar, fue un viaje de conocimiento. No fue fácil, hasta ahora persiste el temor, miedo al rechazo de la sociedad porque sigue habiendo mucha discriminación, no sólo por orientación sexual”.

Sin haberlo reflexionado como tal en su momento, Angie admite ahora que incluso ella misma incurrió en invisibilizar y discriminar.

“La mayoría está en la sombra, no comparten esa parte de ellos con amigos, compañeros. Una misma se hace invisible con el hecho de presentar a tu pareja como una amiga, como una compañera”.

De la lucha a la invisibilización

Vilma Katt Ulloa, activista lesbofeminista, sostiene que la lucha contra la discriminación por preferencia sexual, en México fueron encabezada por mujeres. Así, dentro de la historia están inscritos los nombres de lesbianas como María Castro, Nancy Cárdenas y Alma Margarita Oceguera.

Al paso de los años, el movimiento por la reivindicación de sus derechos fue enfilado a invisibilizar nuevamente a las mujeres bajo la predominación del machismo y la misoginia presente también dentro de la comunidad gay.

“Hay una lesbofobia interiorizada la que se vive dentro de esas letras con las que se ha caracterizado a la población no heterosexual”.

Más aún, agregó, el día internacional, en un primer momento denominado por el Orgullo Gay, ahora Orgullo LGBTTI, que se celebró el pasado 28 de junio, tiene matices meramente comerciales.

“Es un movimiento que se ha caracterizado por la derrama económica que lleva, el poder político, el poder económico, la presencia de actores que se han beneficiado de esos rubros con una población discriminada”.

Así, Katt Ulloa destacó que la fecha debe ser motivo de reflexión para “reivindicar nuestro ser lesbianas, nuestro ser mujer para seguir en este camino para romper con los estereotipos que hay en torno a las mujeres lesbianas como que queremos ser varones, que no podemos tener hijos, que no podemos amar a mujeres de nuestro mismo sexo, que hay un rol de quien es el hombre y quién la mujer en la relación, que la nombranos lesbianas dejamos de ser mujeres. Nosotras no queremos ser hombres, somos mujeres que vivimos nuestra lesbiandad con orgullo y resitencia”.

Fuente: NVI Noticias

Fotografía: Mario Jiménez Leyva

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